En una esquina de Mendoza, el Coronel Rodríguez supervisa cada detalle en su pequeña cocina, donde el aroma de la masa recién horneada se mezcla con el chisporroteo del queso derritiéndose.

Con una precisión casi militar, elige los ingredientes: tomates de huertas locales, aceitunas frescas y un toque de especias que solo él conoce.

Cada porción que sirve tiene algo especial; no solo alimenta, sino que conecta a las familias que la comparten,
arranca risas entre amigos y hasta reconcilia corazones en mesas tímidas, haciendo sentir a todos, lo cálido de estar en casa y lo emocionante de estar afuera.

Los que prueban su pizza no tardan en volver, casi con urgencia, confesando que no pueden dejarla, “es adictiva”. Cuando alguien le pregunta cómo logra ese sabor que atrapa, sonríe mientras llena una copa de vino: "No es solo pizza; es la historia que quiero que te lleves".
En una esquina de Mendoza, el Coronel Rodríguez supervisa cada detalle en su pequeña cocina, donde el aroma de la masa recién horneada se mezcla con el chisporroteo del queso derritiéndose.

Con una precisión casi militar, elige los ingredientes: tomates de huertas locales, aceitunas frescas y un toque de especias que solo él conoce.

Cada porción que sirve tiene algo especial; no solo alimenta, sino que conecta a las familias que la comparten, arranca risas entre amigos y hasta reconcilia corazones en mesas tímidas, haciendo sentir a todos, lo cálido de estar en casa y lo emocionante de estar afuera.

Los que prueban su pizza no tardan en volver, casi con urgencia, confesando que no pueden dejarla, “es adictiva”. Cuando alguien le pregunta cómo logra ese sabor que atrapa, sonríe mientras llena una copa de vino: "No es solo pizza; es la historia que quiero que te lleves".